El Parque de Huesca fue inaugurado en 1930. Lleva el nombre de Miguel Servet en memoria del ilustre teólogo y pensador aragonés, nacido en Villanueva de Sigena. Además de lugar de ocio y disfrute, el parque es un extraordinario jardín botánico: puedes conocer cerca de 80 especies de árboles y arbustos que tienen su morada en él: platanero, castaño de indias, ciruelo, ciprés, pino carrasco, magnolio, sauce, acebo, tilo, chopo, tuya, entre otras. Algunas rarezas le dan gran singularidad: un único ejemplar de alcornoque, un curioso árbol de Júpiter y también un rarísimo Ginkgo biloba, una especie sagrada del budismo, asociada a la longevidad, reconocida como un fósil viviente –se han encontrado hojas fósiles de ginkgo con más de 270 millones de años–. No te pierdas algunos monumentos del parque como “Las Pajaritas”, realizadas por Ramón Acín en 1929 como una evocación vanguardista a la papiroflexia, verdadero símbolo de la ciudad; o la casa de Blancanieves, reproducción de la morada de los siete enanitos, en cuyo interior se ha acondicionado una ludoteca.

 

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