Ubicados al pie de las sierras prepirenaicas, sobre resaltes rocosos o elevaciones del terreno, se encuentran dos de las fortalezas de mayor entidad de Aragón: el castillo de Loarre y el castillo-abadía de Montearagón, en Quicena. Su estratégica situación y su historia nos llevan hasta el siglo XI, cuando fueron fundados por los reyes aragoneses como avanzadilla frente a la frontera musulmana y para tomar la ciudad de Huesca. A pesar de sus diferentes avatares, ambos conservan todo su entramado militar y religioso –lienzos amurallados, torreones, albarrana y torre del Homenaje, rondas de vigilancia, patios de armas, iglesias–, y otras dependencias –aljibes, almacenes, cocinas, establos–, que permiten comprender como era la vida en un castillo medieval. Además, Loarre ostenta la particularidad de ser el mayor complejo militar románico de Europa y, por ello, del mundo, una construcción que ha sido, en más de una ocasión, magnífico motivo documental y escenario cinematográfico: El reino de los cielos (2005), del director Ridley Scott.

En las faldas de la Sierra de Guara, la atalaya de Santa Eulalia la Mayor, sobre el cañón del río Guatizalema, servía de vigilancia en tiempos de la Reconquista.

 

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