Su altivo semblante se observa desde la carretera. Si bien el entorno del castillo no conserva toda su plenitud, no deja por ello de configurar uno de los grandes encantos de la población, dejando que la vista, en la distancia, reconstruya sin querer las partes ausentes.

La importancia de Almudévar y su historia nos llevan hasta tiempos prehistóricos. En la llanura de la Violada, zona en la que se sitúa la población, se han encontrado las señales que nos indican que hubo asentamientos desde aquel tiempo. La arqueología nos dice que continúa su estabilidad en tiempos prerromanos: las construcciones  en la cima de Torre Lierta se datan en ese momento.

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Sin embargo, el núcleo urbano actual hunde sus raíces en tiempos romanos: heredero de la mansión romana de Bortina, cuya localización geográfica coincide exactamente con la ubicación de la actual Almudévar, según nos indica Pedro Carrillo en sus estudios.

La crisis del Imperio romano y la llegada de los visigodos no significan la pérdida de importancia de la población, si bien al contrario, teniendo en cuenta que la Vía Lata cobra mayor relevancia en estos momentos.

La época medieval nos habla de un Almudévar bajo dominación musulmana. Un enclave que debió tener bastante importancia, ya que pagaba una serie de derechos a Sancho Ramírez junto a otras once villas más.

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La dominación musulmana va desde el 714 hasta el 1118, año definitivo de la conversión cristiana de la villa. Este es el momento en que se toma el nombre de Almudévar, topónimo que significa “el redondo” y que alude seguramente a la forma ovalada del lugar donde se asienta el castillo y que hoy se le denomina “corona”.

Uno de los hitos más importantes en la historia de Almudévar sucede en 1364, ya que la villa se convierte en el escenario elegido para la entrevista entre Carlos II de Navarra y Enrique de Trastamara con la reina de Aragón, todo un despliegue para tratar acerca del destronamiento de Pedro I de Castilla. Como dato importante: la villa de Almudévar tuvo voto en cortes.

La progresiva importancia de la villa tiene relación directa con su expansión, desplazándose el casco urbano del tozal a la ladera, y articulándose el nuevo eje de la población, su calle mayor.

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La agricultura y la ganadería han sido siempre los ejes principales en la economía de Almudévar, aunque no se ha de olvidar la industria, de carácter auxiliar (tejidos, hornos de pan, molino de viento…).

Los atractivos turísticos de la villa son variopintos. Desde su núcleo primigenio, donde encontramos los restos del castillo y la iglesia de Nuestra señora de la Corona, donde ambos articulan una zona preciosa, con espectaculares vistas de la llanura y de toda la comarca, hasta el extrarradio de la población. Una vez llegados a la cima, podemos ir bajando, sin dejar de visitar el pozo Chelo o el Centro de Interpretación el Bodegón (sobre enología y viticultura), a la vera de la Corona y El Castillo. Pasaremos por su parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción (1759-1762), que reutilizó el solar y parte de la antigua iglesia románica de San Miguel (todavía hoy pueden contemplarse algunos restos en el muro sur), también por su ayuntamiento y su calle mayor, y si nos centramos en los alrededores descubriremos la balsa de la culada, del siglo XVI, el patrimonio natural “Las Bodegas”, la atalaya, la fuente de los tres caños, las cruces de Santo Domingo, del Pilar y del Carmen, así como la ruta senderista de Pedro Saputo, famoso personaje de la literatura costumbrista aragonesa creado por Braulio Foz en 1844, y cuyas andanzas se van conociendo a medida que nos internamos en su ruta.

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Otro detalle de los alrededores: las huellas de la guerra a través de las trincheras que todavía encontramos en la llanura.

Citas especiales para la villa son sus fiestas patronales, que comienzan el 7 de septiembre, y son un evento de gran trascendencia social y cultural donde la tradición se muestra en sus desfiles, en la religiosidad y en los dances que presiden los actos más importantes. Todo ello presidido por la Virgen de la Corona, agasajada por los habitantes y sobre todo por las mairalesas y los “quintos”.

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Otro momento estelar para la población es su Semana Santa y su momento culmen, la rota de la hora, cada jueves santo a las 12 de la noche.

Para finalizar, una nota gastronómica: las famosas trenzas de Almudévar.

Todas estas señas hacen de la villa de Almudévar un enclave digno de visitar por su historia, cultura y gastronomía.

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