Enclavado en el Somontano oscense, Antillón es uno de esos lugares que sorprenden más allá de lo esperado.

Internarse en su callejero es empezar a encontrar rincones y recuerdos de épocas pasadas. Por un lado la antigua almazara y fábrica de aceite, un cuidado museo al aire libre dedicado a no borrar las huellas de los oficios tradicionales.

Conforme vamos acercándonos a la cumbre de ese banco de arenisca sobre el que se asienta la población se van multiplicando las sorpresas: varios lienzos de muralla, torreones y un portón nos dan la bienvenida al recinto histórico. Una vez cruzado ese umbral se podrá disfrutar de su curiosa parroquial, de origen románico, dedicada a la Natividad de la Virgen, un poquito más arriba, sobrepasado el templo, una plaza abierta deja a uno de sus lados el antiguo horno de pan.

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Si optamos por rodear la parroquial y seguir ascendiendo por las estrechas calles de Antillón, descubriremos la cumbre de la población y un espectacular mirador de la comarca.

Esta pintoresca localidad forma parte de uno de los tramos del Camino de Santiago catalán a su paso por tierras aragonesas.

En sus alrededores encontraremos la fuente vieja y la ermita de San Cosme y San Damián y la de San Juan, en un altozano de la localidad.

Además, en las proximidades se incrementan los valores naturales al destacar el barranco de la Hormiga, con elementos geológicos interesantes como la gorga denominada “poza Sola”, y las chimeneas de hadas.

Antillón celebra sus fiestas el 8 de septiembre, por la Natividad de la Virgen, y el 29 de Abril, con la romería al Monasterio del Pueyo.

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