La villa de Bolea, cabecera de La Sotonera, se asoma imponente y monumental, dominando el llano, desde el cerro en el que nos saluda su más importante edificio histórico-artístico: La Colegiata de Santa María la Mayor.

El ascenso al pueblo comienza pausado, recorriendo calles algo estrechas que muestran a uno y otro lado la importancia de los linajes que la vieron nacer y evolucionar. Los casales, algunos renacentistas, con escudos de armas y decoraciones refinadas en las portadas, nos hablan de su estatus señorial.

La configuración de su entramado urbano posee las huellas de su pasado medieval, a un tiempo musulman, a otro tiempo cristiano.

Cerca de sus más importante palacios y casales se ubica la iglesia parroquial. Se trata de un edificio dedicado a la Virgen de la Soledad, que acusa diferentes momentos constructivos, del XVI al XVIII.

Poco a poco, el ascenso se va complicando. Estamos llegando a la cima de la villa. La Colegiata comienza a mostrar sus potentes muros. Este espectacular monumento consta de tres naves, separadas por pilares fasciculados que engalanan su sencilla planta de salón y diseñan un espacio abierto en el que parecen configurar un bosque de palmeras. Bajo el altar mayor, la cripta nos habla de sus orígenes románicos. Sin embargo, en la capilla mayor se muestra una de las joyas del monumento: el retablo mayor, obra de Gil de Bravante que deja en esta obra una combinación majestuosa de pintura y escultura góticas de finales del siglo XV y comienzos del XVI. El pintor, de origen flamenco, nos deleite con unas tablas de gran minuciosidad y emoción.

Gratal desde Bolea

Si ascendemos un poco más, dando la vuelta a la Colegiata, descubriremos un mirador en lo alto del cerro al que se adapta del caserío. Allí hubo de existir, seguramente, una antigua fortaleza que actuara como vigía y defensa de estas sierras en la Edad Media.

La localidad cuenta con un Museo Etnológico de propiedad particular: Casa Santas.

En los alrededores de la Villa encontraremos la ermita de la Virgen de Mueras, de origen románico y decorada por capiteles que muestran elementos zoomórficos, así como el camino que nos lleva hasta la ermita rupestre de San Cristóbal.

Bolea, punto de parada especial dentro del Camino de Santiago, es reconocida por ser una zona de cultivo de la cereza, celebrándose su feria a mediados de junio.

La localidad celebra sus fiestas el 20 de enero por San Sebastián, el 24 de Agosto por San Bartolomé. 

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