Silencio, calma, sosiego… son fuerzas prácticamente inalcanzables hoy en día. Sin embargo, en el Castillo de Montearagón, casi puedes tocarlas… Esa es la fascinante sensación de un monumento como éste. Una suerte de paradoja casi cómica. Porque hace más de 900 años la calma y la quietud, que hoy son intrínsecas a dicha fortaleza, no eran más que una utopía lejana en las conversaciones, tramas y estrategias que se tejían durante el reinado de Sancho Ramírez.

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