Atravesar los calurosos días de finales de julio y principios de agosto resulta en una inmejorable recompensa: las fiestas del patrón de Huesca, San Lorenzo.

La jovialidad, el desparpajo de las gentes, la hospitalidad de su celebración y el sentido tan cercano de la fiesta, con las calles abarrotadas, hacen de estos días un momento especial, divertido y entrañable.

 

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